El corazón de una madre se detiene tras una llamada nocturna de su hija durante una fiesta de pijamas: “Mamá, acabo de ver una cámara en la habitación” – Historia del día

Aquí tienes una versión más concisa y fluida:
**Lydia lo sintió antes de saberlo. Algo iba mal.**
Mark insistía en que exageraba, pero entonces sonó el teléfono.
—Mamá… acabo de ver una cámara en la habitación.
La sangre se le heló.
Mark seguía tranquilo en la cocina, tarareando mientras cortaba verduras. Lydia ya tenía las llaves en la mano.
—Voy a buscarla.
—Lyd, es solo una pijamada.
—En casa de Kara. Nunca confié en ella.
Mark suspiró.
—Eso fue hace veinte años.
Pero Lydia ya estaba saliendo.
**Kara abrió la puerta con una sonrisa tensa.**
Lydia no esperó.
—¿Dónde está Ellie?
La niña corrió a su madre, abrazándola con fuerza.
—La cámara tenía una luz roja… Estaba encendida.
Lydia enfrentó a Kara.
—Dijiste que estaba apagada.
—Era por seguridad.
—Borra las imágenes. Ahora.
Kara suspiró con fastidio, pero lo hizo.
**De regreso a casa, el silencio era espeso.**
—Lydia —dijo Mark—, ¿no crees que exageras?
Ella giró la cabeza con incredulidad.
—¿Exagero? ¡Una cámara estaba grabando a nuestra hija!
—Era por seguridad… —murmuró él.
—¿En serio la defiendes?
El silencio fue la única respuesta.
**A la mañana siguiente, Lydia encontró un correo de Kara en la computadora de Mark.**
*”Revisé la grabación antes de borrarla. Hay algo que debes ver.”*
Su corazón se aceleró.
**No tocó la puerta. La empujó.**
Mark estaba frente a una computadora, pálido. Kara, a su lado, sonreía.
—¿Qué es esto? —exigió Lydia.
Mark giró la pantalla.
Ellie, en video:
*”A veces no me gusta estar en casa. Mamá siempre está enfadada. Aquí se está mejor.”*
Lydia sintió que el suelo se hundía.
—Eso no es verdad…
—Es lo que dijo tu hija —susurró Kara, triunfal.
Entonces, una vocecita interrumpió el silencio.
—Eso no es real.
Emma, la hija de Kara, abrazaba su oso de peluche.
—Era un juego… Mamá nos dijo que lo hiciéramos.
Lydia sintió frío en los huesos.
Mark se giró lentamente.
—¿Arreglaste esto?
Kara tragó saliva.
¡No es lo bastante buena para ti, Mark! ¡Nunca lo fue!
Silencio.
Mark cerró la computadora con un golpe seco y miró a Lydia.
—Vámonos.
**No miraron atrás.**
El viaje a casa fue silencioso hasta que Mark susurró:
—Lo siento.
Lydia le tomó la mano y la apretó.
—Yo también.
Por primera vez en mucho tiempo, estaban juntos.