Justin, de 27 años, estaba atrapado en el aislamiento y la obesidad extrema, con un peso de 300 kilos. Confinado en casa, solo interactuaba con los repartidores. Como talentoso diseñador web, sus ingresos alimentaban su sobrealimentación, creando un círculo vicioso. Una infancia problemática y el abandono lo llevaron a buscar consuelo en la comida. Los intentos de su padre y su madrastra por controlar su alimentación solo empeoraron su obsesión. A los 18 años, pesaba 140 kilos, y la vida universitaria aceleró su aumento de peso, sumando 20 kilos al año. MIRA A CONTINUACIÓN